Decisiones. Esa es la palabra. Lo único que necesitas para salir de los nubarrones que crees que ahora inundan tus experiencias y tu vida es acción.

Cuando decides hacer un cambio en tu vida, tienes que estar convencido de que estás actuando de la mejor manera posible.

Es decir, has sopesado la parte negativa que implica hacer aquello que deseas. Has pensado en el precio a pagar salgan como te salgan las cosas.

Parece fácil, al menos a priori que te señalen el camino a seguir. Cuando te dicen que hagas las cosas de una manera, que esa es la forma de conseguir lo que que necesitas.

Esa es la manera que existe de conseguir lo que necesitas según otros. Cada vez que aceptas lo que te dicen los demás sin someterlo a tus creencias y además lo pones en práctica, más difícil te resulta decidir ante temas realmente difíciles.

Decidir implica hacer aquello que es lo mejor para ti ahora y lo será en un futuro.

Es tomar decisiones que te potencien, que te aporten valor. Decidir es elegir entre ser feliz o no serlo. Cuando decides estar en silencio por miedo a molestar, no sólo decides eso. Decides cómo quieres sentirte y qué tipo de vida quieres.

 

Sopesa tus decisiones antes de Tomarlas.

A veces, muchas más de las que somos conscientes, actuamos y hacemos cosas en piloto automático. Sin reconocer los costes de decidir algo, simplemente actuamos por instinto.

Es plausible actuar guiados por nuestros instintos cuando no queda otro remedio. Como aquél hombre francés que trepó hace unos días hasta un cuarto piso para rescatar a un niño de caer al vacío.

Cuando quieras actuar sobre un aspecto en tu vida que quieras cambiar, primero debes de haber sopesado y llegado a la conclusión de que estás dispuesto a pagar el precio de cualquier respuesta que obtengas a causa de ello.

Una vez las ideas claras, no permitas que se interpongan en tu camino. Actúa con valentía y con convicción. Pero prepárate para la censura de aquellos que esperan a que te mantengas quieto y callado, como siempre.

Cuando eres tu la persona que encuentra las razones para llevar a cabo una acción, es cuando realmente vives acorde a lo que quieres.

No hace falta que sepas qué es lo que quieres hacer los próximos 10 años, solo necesitas saber que es lo que mejor te viene a cada momento y tomar acciones que si dependen de ti.

 

Precios que asumes cuando decides por ti mismo.

Cuando hablo de precios, de costes a asumir por la decisión de actuar y de cambiar así tu respuesta ante lo que ahora te genera malestar, hablo de malestar emocional.

No esperes sentirte como si nada hubiese pasado cuando decidas actuar acorde a tus propios pensamientos y valores. Puede que alguien esté en desacuerdo, que te critiquen o que te insulten. También puede que no suceda nada y que te des cuenta que eso a lo que tenías tanto miedo era producto de tu imaginación.

Pero lo ideal es que reconozcas que el malestar va a ocurrir, que te vas a sentir enfadado, triste o decepcionado por la respuesta de otras personas sobre lo que haces o dices cuando decides ser tu mismo.

Cuando decides mostrarte sin caretas al mundo puedes molestar. Posiblemente a  personas que quieres o cercanas a ti.

 

Ten presente el lado positivo por el que decides actuar.

Al igual que debes estar preparado para los aspectos negativos de tomar decisiones por y para tu bienestar, recuerda qué te impulsó a realizar el cambio.

Es complicado mantener las emociones en equilibrio cuando tomas decisiones que pueden generar incomodidad.

Pero si te apoyas en los beneficios que te esperan por tomar las decisiones que te van a hacer más feliz, entonces es más fácil que seas persistente con el cambio.

Cuando sientas que las emociones toman el mando de tus decisiones y de tus palabras, trata de mantener la calma, cierra la boca y deja pasar el tiempo hasta que puedas decidir sin estar bajo su influencia.

Las emociones no son buenas para tomar decisiones importantes. Un psicólogo puede ayudarte a reconocer cuando te hayas bajo estos estados y así decidir cada vez mejor.