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Hace unos días me llamaron inflexible mental.

Era por la mañana y me encontraba en casa revisando el correo electrónico mientras me tomaba una naranja.

El caso es que recibí un wasap de un chico diciendo que cancelaba la cita de esa misma tarde porque ya no sentía que necesitase venir a sesión y que además  iba mal de “pasta” ese mes.

Y si te soy sincero me vi en una situación que no supe (sobretodo al principio) como gestionar.

Porque entiendo que si me eliges para colaborar es porque te atrae cómo trabajo y respetas el sistema que he creado para ello.

Pero no siempre es así.

E Invadido por las dudas lo primero que me salió es ceder y decirle que le daba el dinero.

Pero después lo pensé mejor y le dije que no.

Y es que no siempre la mejor respuesta es la primera que te sale dar

Más que nada porque solo existen dos requisitos a la hora de colaborar conmigo y no tengo más.

Y una de ellas es que no hay devolución del dinero cuando cancelas cita sin motivo real que lo justifique de un día para otro y la otra es que si lo vas a cambiar avises con 72 horas de antemano.

Y él no estaba respetando ninguna de las dos.

Así que le dije que como no se cumplían los requisitos de cancelación de cita no habría devolución y no se lo devolví.

Y es entonces cuando me dijo que qué poca flexibilidad que tienes para trabajar con personas que tienen problemas mentales

A lo que voy es que a veces en la vida puedes estar en un trabajo o en una relación o en un equipo rodeado de personas que no te valoran.

Y a veces no hace falta ni que te lo digan, pero esas cosas se notan.

Y es que al respetarte y marcar tus límites sin parecer un orangután enfadado, posiblemente atraigas a personas que también se respetan y que cuadren más con tu forma de ser.

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