Cuando tus pensamientos limitan las experiencias que vives.

Seguramente has tenido la sensación más de una vez al día de que no paras de pensar. Que a pesar de que estás haciendo tareas rutinarias tales como leer, correr, trabajar o conversar con alguien, tus pensamientos están correteando por tu mente a toda velocidad.

Quizás has sentido que estás pensando incluso cuando sabes que no hay necesidad o donde no te hace falta hacerlo como al mantener relaciones sexuales con tu pareja, o cuando tienes que hablar en público, puede llegar a preocuparte.

Percibes que no estás siendo real con la persona que tienes delante, ya que no la estás prestando toda tu atención, sino que más bien tus pensamientos están en otro lugar. Estás físicamente presente pero mentalmente no lo estás.

En este mundo repleto de distracciones es normal que te hayas sentido a veces como si no estuvieses en la situación presente pese a que tu cuerpo si lo está. Como que tu mente a base de proveerte de pensamientos incontrolados, te saca del momento donde te encuentras ahora mismo una y otra vez.

Diferencia entre tu pensamiento consciente y el automático.

Entiende por automáticos, todos esos pensamientos que vienen a tu mente una y otra vez sin que los esperes. Aquellos que te hacen desconectar de las actividades cotidianas que realizas en el momento presente como caminar o comer y sin darte cuenta.

El momento presente es en el que te desenvuelves para vivir experiencias que te generen bienestar personal como relacionarte con un amigo o dar clases de piano.

Cuando decides representarte un plan futuro como irte de vacaciones, por ejemplo, te lo imaginas porque te apetece, y pensar en situaciones futuras o pasadas es un recurso obviamente necesario e indispensable para ti cuando lo haces de forma consciente.

Ya sea para prever los costes de comprarte una casa para dentro de dos meses, pedir comida en un restaurante, rememorar una situación graciosa con un familiar o para visualizar cómo te gustaría ser en unos años.

Cuando piensas de forma consciente, te lo propones para poder tomar decisiones adecuadas respecto a lo que quieres en el momento. No te dejas llevar por el primer pensamiento que te viene a la mente, sino que elaboras tu razonamiento.

Qué pasa con los pensamientos que crees que no puedes controlar.

Es posible que hayas percibido en más de una ocasión que debes completar las tareas que tus pensamientos te sugieren que realices a cada momento que permaneces vivo.

Una situación en la que literalmente no paras. Vas de un sitio a otro, completando tareas, pero siguen surgiendo continuamente más y más.

Puede incluso que hayas notado que no eres tú realmente quien está viviendo y haciendo las cosas que quieres y de la manera en cómo quieres, sino como tu mente caótica quiere.

A esta mente caótica se la conoce como “mente de mono”, término acuñado en círculos budistas, y que hace referencia a cómo un mono se desplaza constantemente de lugar cuando no encuentra felicidad en un sitio, y vuelve a topar con el mismo problema una y otra vez al encontrar otros nuevos sitios. Buscando una felicidad que tiene dentro pero que busca fuera.

Tu mente es activa por naturaleza y así va a ser siempre así que no te preocupes si ahora mismo notas que tus pensamientos automáticos te abruman. Nos pasa a todos.

Cómo puedes utilizar tu mente caótica para disfrutar el presente.

Si sientes que no puedes controlar lo que piensas estás en lo cierto. Es imposible para cualquier ser humano controlar todo lo que sucede en su mente y menos a la velocidad que ocurre. Una locura.

Lo que si puedes controlar es tu forma de relacionarte con lo que piensas de forma automática y eso lo puedes conseguir trabajando tu propio nivel de consciencia.