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Lo que no es estar dispuesto a vivir.

En una entrada hablamos de la importancia que tiene para el desarrollo de una vida plena, el “estar dispuesto a saltar”.

Hoy, por otro lado, toca hablar de las actitudes que no ayudan a vivir una vida tal y como es.

Es decir, con momentos dolorosos, otros muchos alegres y estando plenamente conectados al presente, sin tratar de luchar por eliminar ciertos pensamientos ni de fingir que no sentimos determinadas emociones.

Por eso a la hora de encontrar una serie de pautas para comenzar a estar dispuestos a vivir es importante recordar algunas puntualizaciones.

Estar dispuesto no es “voy a intentar estar dispuesto a vivir”

Cuando hablamos de intentarlo estamos ante un término que denota pasividad. Cuando hablamos de intentar o probar algo, parece como que tendremos que ir reflexionando acerca de eso.

Por lo que hay juicios que pueden entorpecer el proceso.

Intentar es un verbo pasivo que no implica una acción sin que de por medio haya opiniones y sesgos acerca de si lo que nos ocurre es de una manera u otra

Por otra parte, “estar dispuesto a vivir” tiene que ver con saltar sin pensarlo.

Más bien tiene que ver con lo contrario a realizar pruebas y ensayos, sino que más bien se trata de dar un paso hacia lo que desconocemos.

Pero no así “intentarlo”. Intentarlo depende de juicios y valoraciones previas, “estar dispuesto” no.

Tampoco se trata de una cuestión de creértelo.

Como bien dice el psicólogo estadounidense Steven Hayes en uno de sus libros: “Estar dispuesto no es una cuestión de creérselo”.

Ahora, te pido que lleves una de tus manos a tu cabeza en estos momentos. A continuación, di en voz alta algo como “no puedo tocarme la cabeza” (mientras la sigues tocando) o bien algo como “siento que no estoy listo para tocar la cabeza”.

¿Qué ha sucedido?  Pues que puedes seguir sintiendo las cosas que haces a pesar de las palabras que te digas cuando lo haces.

La pregunta que hay que hacerse en este caso sería ¿estoy dispuesto a sentir lo que siento cuando llegue el momento de sentirlo? Sí o no. No hay más opciones. No se trata de creencias.

Estar dispuesto no es algo que puedas intentar hacer luego, o lo haces o no lo haces.

No es engañarte o manipularte para “estar dispuesto”

Es decir, por engañarte entiende que si por ejemplo decides estar dispuesto a decirle a tu jefe aquello que sientes que consideras que está siendo injusto respecto a tu rendimiento.

No engañarte con cosas del estilo “bueno, se lo diré siempre y cuando se de esta y esta otra situación…”

Tratar de “estar dispuesto” pero con condiciones realmente no es estar dispuesto sino más bien engañarte diciéndote que vas a elegir estar dispuesto cuando realmente no lo estás.

Además, la mente no puede entender que el dolor y el sufrimiento ni es bueno ni es malo. Es lo que es.

Para la mente resulta complicado no evaluar el sufrimiento como algo palo porque es algo que te hace sufrir. Pero esto es una manera que tiene la mente de manipular la realidad.

Por ello, estar dispuesto tiene más que ver con disolver esas evaluaciones y juicios del tipo ¿cuánta ansiedad tienes hoy? ¿hoy has sentido menos depresión que ayer?

Se acabó. Estar dispuesto tiene que ver con disolver la lucha contra el dolor. Salirte del terreno de juego. Ser el terreno de juego y sostener a los jugadores que se encuentran en él, con la delicadeza con la que sostenemos una flor.

Esta es la verdadera esencia, de estar dispuestos a vivir. ¿Te atreves?