La autoestima es el aprecio, la opinión que tienes sobre ti. Clave a la hora de confiar en tus habilidades como jugador y en tu rendimiento. Se trata del valor que tú mismo te otorgas. Un conjunto de pensamientos, sentimientos, percepciones dirigidas hacia ti.

Autoestima se diferencia del autoconcepto, ya que este último es la opinión que puedes tener sobre ti. Puedes creer que eres una grandísimo atleta, o que tu capacidad de aguante es titánica.

Por otra parte la autoconfianza se trata de la confianza que tienes en ti mismo y se puede trabajar para que llegue a niveles que permitan rendir al máximo de tus capacidades.

La autoestima  proviene de ti mismo. De la valoración subjetiva que haces en base a tres aspectos que son el cognitivo, conductual y el afectivo.

Cuando más mayores nos hacemos mayores gana un mayor peso la valoración propia interna en detrimento de la procedente de los demás, de fuentes externas.

Aspecto conductual.

Son ese conjunto de herramientas y recursos que como ser humano posees a la hora de realizar actividades y afrontar situaciones.

Es el cúmulo de aprendizajes asociados a tu autoestima, basados en valoraciones propias que has creado tras tu actitud hacia una situación particular.

De aquí surge el no se me da bien los deportes de raqueta o no se me dan bien los trabajos manuales, por ejemplo.

Aspecto cognitivo.

Es el conjunto de conocimientos sobre lo que eres. Sobre lo que representas como persona.

Por ello, este aspecto puede cambiar a medida que crecemos en el plano afectivo por ejemplo, al dejar de gustarte cosas que antes si te gustaban.

También de capacidad ya que dificultades que antes no te veías capaz de afrontar ahora si.

Por último y no menos importante está el  aspecto afectivo que compendia el valor y el grado de aceptación que hemos desarrollado hacia nosotros.

Autoestima y autoconcepto.

Cuando se trata de lograr un máximo rendimiento, la autoestima y el autoconcepto que el atleta tenga de sí mismo será clave a la hora de ejecutar con eficacia las acciones en competición.

Pueden surgir dificultades en el rendimiento cuando el propio deportista cree que tiene un gran nivel, pero la realidad es que no.

Un exceso de expectativas y de autoestima que puede desembocar en situaciones de frustración ante la falta de minutos o de oportunidades.

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