Hans Selye, fue el primer doctor del planeta tierra en acuñar y popularizar la palabra estrés durante los años cincuenta a través del os estudios que realizó con animales expuestos a situaciones de incertidumbre, extremas y poco frecuentes.

Además, diferenció entre “estresante” como el estímulo que activa la respuesta de estrés en el ser humano del término “estrés”, que es la respuesta propiamente dicha.

Qué es el estrés

El estrés es la respuesta completa y total tanto mental como física de nuestro cerebro y de nuestro organismo a cualquier tipo de situación estresante que experimentamos.

Provenga ese estrés del interior o del exterior de nosotros mismos.

Para Selye, lo más llamativo es que la respuesta de estrés conduce al organismo a desarrollar una respuesta fisiológica orientada a adaptarse a las demandas y presiones que percibe del entorno o de nosotros mismos.

En psicología, a esta respuesta se la conoce como “síndrome de adaptación general” y tiene que ver con cómo los organismos han podido mantenerse con vida a lo largo de la historia pese a las amenazas, cambios y traumas.

El estrés es una respuesta natural que no se puede eliminar de la naturaleza del ser humano. El estrés no es ni bueno ni malo. Es tal como es.

Jon Kabat Zinn, compara el estrés a la fuerza que la gravedad ejerce en nuestros cuerpos.

Cuando pasamos 8 horas estando de pie trabajando, cambiando de una pierna a otra o apoyándonos en la pared nos damos cuenta de que la gravedad es algo estresante, que estresa nuestro cuerpo y para lo que buscamos la mejor respuesta.

El estrés puede venir de fuera y de dentro

En adición, cuando los factores externos e internos que nos producen estrés, como por ejemplo una persona y los pensamientos que nos produce esta persona estresante, pueden ser claves para desarrollar enfermedades autoinmunes.

Por esto, padecer o atravesar periodos de estrés potente como restricción en el acceso a comida o a descanso, puede dañar de forma sensible los mecanismos de defensa del cuerpo humano.

Cuando intentamos responder ante los cambios y a la presión, ya sean estos estímulos estresantes externos o internos, se puede acabar desarrollando depresión y enfermedad si no se regulan o no se sabe cómo hacerlo.

El papel de la atención plena en el estrés

Por ello, existe un paso básico para evitar empeorar las cosas y prevenir el desarrollo del estrés en el organismo.

Para tomar otro tipo de decisiones ante situaciones estresantes, y es el de prestar una mayor atención a nuestros intentos de cambiar las cosas para poder hacer cambios en ellas que sean a mejor.

Por otra parte, el estrés no es una cosa que nos invade y nos enferma por que sí.

Más bien, surge de las interpretaciones que llegamos a hacer de las situaciones, de cómo las percibimos y posteriormente reaccionamos o respondemos ante ellas.

Interpretación, más que realidad

Martin Seligman, psicólogo especialista en psicología positiva ya apuntó esto cuando afirmó que “no caemos presas del estrés a causa del acontecimiento estresante, sino de cómo lo percibimos y lo manipulamos”.

Así es entonces que, con la práctica del entrenamiento mental en aumentar la capacidad de atención a las cosas cotidianas, al momento presente, se puede generar una mejor respuesta al estrés y por ende reducir el riesgo de desarrollar enfermedad.

La atención plena no es algo que cambie los valores más profundos de las personas, sino que los saca a flote de manera inteligente.

De forma que puede permitirnos darnos cuenta de elegir mejores decisiones ante eventos estresantes y difíciles de llevar.