La diferencia entre la vergüenza y la culpabilidad

La diferencia entre la vergüenza y la culpabilidad es donde ponemos el foco. 

Sentir vergüenza no es sentir culpabilidad.

La vergüenza, es una emoción que se define como un sentimiento negativo que podemos percibir hacia nosotros mismos.

Una emoción social volcada en prestar máxima atención a las etiquetas negativas que creemos poseer y a todo lo malo que los demás llegan a sentir de nosotros.

Por otra parte, la culpabilidad surge del contacto con los demás, en los otros.

La culpa surge cuando hacemos o decimos algo que sabemos que ha podido doler o enfadar a otra persona.

Es decir, el hecho de sentir culpabilidad implica “estar” conectados en algún sentido a otras personas al intentar entender sus sentimientos y percibir empatía por cómo se siente el otro.

La vergüenza incapacita para la vida.       

Sin embargo, el sentimiento de vergüenza es incapacitante en este sentido, ya que nos mantiene dentro del propio juicio, del propio sufrimiento lo que a su vez limita nuestra satisfacción con la vida.

Con la vergüenza como compañera, ocultamos lo que no nos agrada que los otros sepan de nosotros y mantenemos el silencio en momentos donde sería conveniente hablar por miedo a vivir una situación ruborizante.

De hecho, las personas que sienten grandes dosis de vergüenza, ya no es que traten de esconder su verdadera forma de ser ante los demás, sino que se esconden y evaden de sí mismos.

En cambio, la culpabilidad es una forma de abrirte a los demás cuando sabemos que les hemos hecho daño.  Es una forma de reconocer tu parte de responsabilidad sin avergonzarte por ello.

En palabras de Paul Gilbert, “la culpabilidad es una emoción importante porque nos ayuda a construir relaciones y porque nos hace pensar en el daño que hacemos a los demás, de hecho, a nuestra sociedad le iría bien con un poco más de culpabilidad y un poco menos de vergüenza”.

Son emociones distintas, pero a veces se activan a la vez.

En adición, es importante entender que, aunque se tratan de dos emociones diferentes, es bastante probable que se activen a la vez.

Como se ha dicho, la culpabilidad implica en cierto sentido, asumir la responsabilidad del daño hecho, de reconocerlo e incluso sentir voluntad para prevenirlo y aliviarlo en el futuro.

Por otro lado, cuando la vergüenza aparece podemos sentir que nuestro orgullo ha sido herido. Por eso a algunas personas no les agrada reconocer que sus actos han causado daños a otras.

Es más, puede que te sientas identificado con un comportamiento de negación hacia aquello que hiciste y que para tus adentros razonaste que “no he hecho nada malo”.

Pero no pararte a reconocer la parte de culpa de tus acciones es una forma que tiene el cerebro antiguo de protegerte y de mantener a salvo tu autoestima.

La negación de haber causado un daño a otros, es una forma de identificarte con la vergüenza, por que no te permite pararte y tomar perspectiva de lo que realmente ha sucedido. 

La compasión como aliada.

Por ello, la compasión entra en juego. Cuando desarrollamos habilidades compasivas relacionadas con la apertura y la valentía haca lo que pasa en la realidad, estamos en disposición de reconocer que quizás hemos dañado a alguien ya sea sin querer o adrede.

Además, una vez en ese punto podemos llegar a experimentar el dolor como parte natural de la ida y luego tratar de prevenirlo o aliviarlo.

Como conclusión, cuando estamos dispuestos a aumentar nuestra capacidad de tolerar la culpabilidad y reconocer que quizás hemos dañado a los otros, de ponernos en su piel, desarrollamos otra manera de ver la vida.

La compasión es una manera de experimentar la realidad desde una actitud de mejora personal a través del propio apoyo, la bondad hacia nosotros y a los demás.

De pensar en cómo te sentirías si tu fueses la persona que escucha esas palabras con las que decides dirigirte a la gente. 

Aprender como se sienten los demás por aquello que hacemos o decimos puede ser una gran manera de conocerte y de vivir mejor.

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