Consumir porno no es sano para la mente. En ninguna de sus formas, para el ser humano, debido a la composición natural de nuestros cerebros.

Es decir, consumir porno no ayuda a las personas a mejorar sus relaciones sexuales ni a aprender trucos nuevos que implementar es tus posteriores relaciones íntimas.

La pornografía atrofia la mente.

El consumo continuado de est√≠mulos sexuales, aunque sea algunas veces en semana como un h√°bito, disminuye la materia gris del cerebro, conduciendo a s√≠ntomas de ansiedad y depresi√≥n, cuando el visionado de porno se prolonga por a√Īos.

En un estudio llevado a cabo (Kuhn, 2014) se detect√≥ que mientras mayor es el n√ļmero de horas dedicado a ver material pornogr√°fico, menor es el volumen de materia gris en el n√ļcleo caudado derecho.

En adici√≥n, este n√ļcleo caudado derecho es importante para el control del movimiento voluntario, el aprendizaje y con la memoria. Adem√°s, otros estudios han asociado cambios en el volumen del cuerpo estriado con numerosas adicciones.

Adem√°s, tambi√©n se ha comprobado que, con el consumo, el putamen disminuye su actividad. El putamen es un n√ļcleo cerebral que se activa durante la activaci√≥n sexual, por lo que una disminuci√≥n en su volumen nos insensibiliza de cara a experiencias reales sexuales. (K√ľhn y Gallinat, 2014)

Afortunadamente, existe evidencia suficiente y contrastada a día de hoy para afirmar que el consumo de pornografía provoca cambios físicos en el cerebro.

Es decir, la pornografía alimenta un monstruo en el cerebro a través de la dopamina. De hecho, comparte y estimula las mismas rutas neurobiológicas involucradas en el consumo de cocaína.

A trav√©s de unas investigaciones se descubri√≥ que no exist√≠an hombres en Estados Unidos ni en Canad√° que jam√°s en sus vidas no hubieran consumido porno alguna vez. (Simon Louis Lajeunesse, 2009)  

De hecho, el promedio con el que los hombres comenzamos a consumir porno, est√° en la l√≠nea de los diez a√Īos.

El problema de normalizar ‚Äúel porno‚ÄĚ.

Sin embargo, algunas personas piensan que no hay problema por consumir un poquito de porno. Ya que al fin y al cabo se trata de sexo y eso ‚Äúno hace da√Īo a nadie‚ÄĚ.

Por otra parte, el tema es que lo que vemos por internet no se corresponde con la realidad, por lo que la facilidad con la que podemos acceder a contenido sexual con un solo toque de pantalla es lo que posiblemente cause adicción. (Cristian Laier y colaboradores, 2013)

Por adicci√≥n se cree que √ļnicamente tiene que ver con un consumo desmesurado de tabaco, drogas, alcohol u otros estupefacientes, pero la investigaci√≥n actual arroja luz acerca de c√≥mo algunas conductas refuerzan circuitos neuronales de la recompensa, la motivaci√≥n, y la memoria.

El efecto ‚ÄúCoolidge‚ÄĚ.

Se trata de un fenómeno observado en especies de mamíferos, donde machos y en ocasiones, las hembras presentan tendencias de mayor interés sexual por nuevas parejas.

Incluso en periodos donde el macho ha pasado un largo tiempo sin encuentros sexuales con parejas anteriores.

El beneficio evolutivo de esto es que el macho pueda fecundar a muchas hembras y propagar su especie.

Es por ello que, se cree que este fen√≥meno puede estar relacionado con los comportamientos sexuales del ser humano y con la b√ļsqueda de porno en internet no ‚Äúrepetido‚ÄĚ. Es decir, b√ļsquedas de nuevas caras y rostros en los videos.

Dicho esto, el porno puede ser algo educativo en el momento en que nos relacionamos con él desde una perspectiva abierta, consciente y feminista.

Por √ļltimo, la l√≠nea en estos momentos es tan delgada y existe tanto bombardeo en internet que es muy dif√≠cil encontrar un equilibrio en este sentido, que no perturbe la mente humana.

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