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Como aplicar el estoicismo a la vida real. Esta es una pregunta que en ocasiones me he hecho.

Sobretodo, al darme cuenta de lo potentes que siempre me han parecido los mensajes que han liberado al mundo los estoicos como Séneca, Marco Aurelio, Cicerón o Epicteto entre otros.

Quizá ayude recordar que el estoicismo es una corriente filosófica que surgió en Grecia en el siglo 301 antes de cristo de la mano de Zenón de Citio.

Una corriente, basada en el control y el dominio de nosotros mismos ante los hechos, los deseos, las pasiones que a veces nublan nuestra vida.

Utilizando como principales recursos para ello nuestra valentía, razón y a la virtud.

La idea del estoicismo era alcanzar la felicidad y la sabiduría personal prescindiendo de los bienes y deseos materiales.

Los principios del estoicismo:

La virtud es el mayor bien y todo lo demás es indiferente. Sócrates, sugirió que la virtud es el mayor bien porque es lo único que tiene valor en todas las circunstancias posibles y que eso nos sirve para relacionarnos de manera óptima con la riqueza, la salud y la educación.

Extrapolándolo a cómo aplicar el estoicismo a la vida real, la virtud tendría que ver con los valores en el sentido de que los valores son algo que elegimos, no son modas.  

Los valores, son ideas que nos otorgan dirección y nos permiten mostrar lo que realmente somos en cada cosa que hacemos. Virtud es algo así como vivir una vida que realmente consideremos valiosa y volvernos virtuosos en ello.

Seguir a la naturaleza. Aplicando la razón en las relaciones sociales. Es decir, los estoicos sugirieron que como seres humanos somos sociales por naturaleza, deducen que precisamente por eso, es la razón la que debemos aplicar para conseguir una sociedad mejor.

Dicotomía de control. Darse cuenta de que no todo esta bajo nuestro control y ser conscientes de lo que si depende realmente de nosotros. A nivel mental, muchas o prácticamente todo lo que elegimos y como nos comportamos si que depende de nosotros.

Este aspecto alude a que nos centremos en lo que si que está bajo nuestro control, e incluso le dediquemos tiempo a darnos cuenta de que lo está. Tratando el resto de cosas que no lo están con ecuanimidad.

Las cuatro virtudes sugeridas por los estoicos

Ya sabemos, que la virtud era el mayor bien para los estoicos por encima de cualquier otra cosa.

Ahora pasaremos a saber cuales eran esas virtudes para ellos. A la hora de en qué basarse para saber cómo aplicar el estoicismo a la vida real:

Sabiduría: Afrontar las situaciones complejas de la mejor manera que nos sea posible.

Valor (Coraje): Hacer lo que consideramos correcto moral y físicamente, ante cualquier circunstancia.

Templanza (Disciplina): Ser disciplinados, moderados y controlados en todas las esferas de nuestra vida.

Justicia: Relacionarnos y tratar a todos los seres humanos de manera justa y amable sin importar su situación.

Estas cuatro virtudes representan los principios básicos que forman el sistema estoico a la hora de ponerlo en practico en la vida real.

Y hablando de la vida real, existen varios ejercicios que nos permiten saber como aplicar el estoicismo.

Como aplicar el estoicismo al día a día

No juzgues. Intenta ceñirte a los hechos y no te dejes llevar por los juicios. Es fácil caer en ese ciclo de juzgar aquellas personas o cosas que nos desagradan como malas.

Pero sin entender la verdadera naturaleza de sus comportamientos, los juicios nos alejan del control.

Por eso, si te pillas juzgando a alguien por lo que te hizo, piensa que tal seria si los aparcases y te centrases en los hechos objetivos, como que alguien te chilló o te dijo determinadas palabras y no en juicios como que te trataron como una basura.

Recuerda la fugacidad de las cosas.  Recordemos lo valioso que es así, el aprovechar cada momento que vivamos. Ya sea fregando platos, recogiendo rosas o rodeados de las personas que queremos. Trata de vivir como te gustaría sentir que vale la pena hacerlo, ya que las cosas no vuelven.

Examina tus impresiones. Las impresiones son solo impresiones. No somos nosotros. Son una especie de filtro. Digamos que son como los pensamientos, solo pensamientos.  

Si nos creemos todas las primeras impresiones, no tenemos control de nuestros actos, simplemente actuamos empujados por ellas. Al igual que los perros cuando salivan al observar un trozo de carne. 

Clausula reserva. Siempre que planifiquemos una acción, practiquemos antes mentalmente lo que el plan conlleva. Es interesante aplicar esta técnica en todos los actos de nuestro día, el imaginarnos mentalmente las posibles alternativas que puedan surgir.

Es decir, si vamos a dar una conferencia puede que nos tiemble la voz, que nos interpelen, incluso que algún exaltado se levanta y nos acuse con el dedo. 

La cláusula reserva nos invita a tener en cuenta que es posible que aunque queramos disfrutar al máximo de las experiencias, siempre nos ayudara tener en mente los inconvenientes que puedan surgir, por si surgen.

También, tiene que ver con centrarnos en lo que controlamos. Si por ejemplo estamos jugándonos la final del mundial de futbol, obviamente el resultado de ganarlo no solo depende de nosotros. Pero jugar lo mejor que sabemos y dar nuestro máximo sí.

Hablar lo necesario, poco y bien. Deja que el silencio sea tu objetivo en la mayoría de las ocasiones. Habla sólo cuando sea necesario y si puedes, hazlo de forma breve. Evita cotilleo y juicios de valor hacia otras personas.

No cotilleemos sobre otras personas, ya sea comparándolas, alabándolas o culpándolas.

Tampoco perdamos energías en hablar sobre banalidades como los deportes, la comida o la vista.  Nadie quiere sermones, nadie quiere sentir que le aleccionan. ¿Acaso tu si?

Quizá en contraposición, podamos introducir temas de conversación mas valiosos acerca de algo que has leído o visto últimamente que te parezca interesante compartir y que pueda enriquecer los temas “estándar” sobre los que solemos hablar constantemente (trabajo, futbol, otras personas).

No hablar demasiado de ti mismo. En palabras de Epicteto, “En tu conversación, no te detengas demasiado en tus logros o aventuras. Solo porque te guste contar tus gestas no significa que los demás obtengan el mismo placer de escucharlas ”.

Existe un placer meramente personal e intimo que surge de mostrarnos a nosotros mismos capacidad de autocontrol.